foto ensayo

mutante

por Valeria Sestua

¿Qué relación tenemos con la muerte? En este ensayo, Valeria se pregunta sobre sus propios lutos explorando campos tan variados como la paleontología y la astronomía, acercándonos a la muerte en toda su materialidad.

Imagen tomada de internet. Placa fotográfica principios de siglo XX

El otro día leí que los pulpos y los calamares son animales solitarios.

Que se juntan sólo para aparearse. Que el macho se va ni bien la hembra pone los huevos, y que ella se queda cuidándolos, pero que en el momento en que estos huevos eclosionan, ella muere.

Entonces, los pequeños huérfanos se crían solos, todo lo que aprenden lo aprenden en soledad, sin guía, sin maestro.

Y se sabe que tanto el pulpo como el calamar son animales inteligentísimos, tienen una capacidad extraordinaria para resolver problemas, para relacionarse con las formas. Piensan con la piel.

Íbamos varios, entre ellos creo que estaba Franco, caminando por la calle en la noche despejada.

Una noche extraordinaria donde las estrellas estaban todas, y no sólo eso, sino que a mi izquierda veía una constelación. En verdad era un sistema solar, pero yo lo llamaba constelación.

Este sistema se veía tan claramente. 

Su sol, sus planetas, lo más bello era el color mutante. Pasaba del rojo al verde, como una nebulosa, o como si lo rodease una inmensa aurora boreal.

 

Mi viejo fue un tipo práctico. Eso decimos siempre con mi hermana.

Una vez  se quitó un orzuelo de uno de sus ojos así nomás, con una Gillette. Me acuerdo de la cara de horror mía y de mi hermana, y de las risitas nerviosas.

De esas, varias.

Me llamó un día en que yo cumplía años y me contó que tenía cáncer. Me dijo que comenzaría el tratamiento.

Casi dos años después hubo otro llamado diciéndome que mi papá se había pegado un tiro en la garganta, justo ahí donde tenía el cáncer. No moriría de eso, la bala había quedado atorada en un lugar donde no le había hecho grandes daños y no valía la pena sacarla.

Eso no fue tan práctico. De hecho, cuando fui a verlo a la clínica los dos reímos de su falta de practicidad y después le dije que de todos modos moriría y pronto. No se había curado y él lo sabía, por supuesto.

A los pocos días murió. No hicimos velorio ni nada. Así somos en mi familia, prácticos.

Lo cremamos en un cementerio que quedaba muy lejos. Fuimos sólo mi hermana y yo y nos quedamos horas allí esperando sus cenizas.

Recuerdo volver en el bondi interurbano con las cenizas en una caja y con mi hermana que no se animaba a tocarlas, así que las llevé yo todo el tiempo. Al rato ya pesaban.

Después nos tomamos otro bondi a Alta Gracia y fue justo en frente de nuestra casa de siempre, entre los eucaliptus, donde hicimos un hueco en la tierra y vaciamos la caja. Mi hermana y yo nos quedamos mirando las cenizas y la caja vacía por unos segundos, algo atónitas. Secretamente las dos esperábamos encontrar la bala. Pero no, la bala no estaba. Y no sé Paula, pero yo la quería.

La otra noche soñé con ella, con la bala perdida. Con Chile soñé también. Con un caballo blanco al que le salía , entre los omóplatos, un gran cuerno blanco. Con la construcción de hospitales de animales y de personas entre los escombros. Y con mi viejo que me llevaba en el auto hasta la puerta de un lugar nuevo.

Imagen tomada de internet. Placa fotográfica principios de siglo XX

Otra vez era de noche y estaba yendo a lo de Ana en el 71, al bajar del bondi me encontré en la calle silenciosa, vacía y oscura con un gran gato gris recostado en el medio de la vereda, me llamó mucho la atención su actitud de abandono más propia de los perros que de los gatos.

Intuí que algo andaba mal, me acerqué con mucho cuidado y de algún modo supe que no podía moverse.

Cuando ya estuve a pocos centímetros de su cuerpo me miró con suavidad, entonces le acaricié la cabeza y él recibió amablemente mi gesto. A los minutos murió.

Pensé: su alma pasó por entre mis dedos, mis huesos.

Imagen tomada de internet. Placa fotográfica principios de siglo XX

Rubio

Rubio se cayó de un lugar alto parece.
Justo el otro día pensaba en lo altísima que está la casa de Vero.
Esa escalera en caracol tan empinada, interminable. La ventaja de ver el río, la cancha de Boca.

Hay que sacarle agua de los pulmones, ver si no se rompió el diafragma. Mi hermano igual. Pulmones, diafragma.

Me pregunto qué habrá visto antes de caer.
¿Habrá pensado que sería como las otras veces?
Eso de caer parado.

Imagen tomada de internet. Placa fotográfica principios de siglo XX

Una  bala desaparecida/perdida

Pulpos huérfanos

Algunas piedras amontonadas

Cuerpos hinchados

Cuerpos verde óxido

Cuerpos deshinchados

Moho

Polvo de estrellas pulverizadas

Hidrógeno de las estrellas

Hidrógeno de los cuerpos de animales

22 fotos de casas

Nuevos planetas

Nuevas galaxias

Nuevos sistemas solares

Nuevos sistemas de alimentación

Alimento para larvas

Un vacío inconmensurable

Dolor en el cuerpo del que pierde

Desasosiego

Desilusión ante el mundo conocido

Desconfianza

Misterio misterio misterio

Tierra enriquecida

Luz viajando a través del espacio por millones de años luz

Algunos huesos

CRÉDITOS

Fotografías & Texto

Valeria Sestua

 

Argentina. 2020 (proyecto en proceso).

 

Publicado en Noviembre, 2020

 

Volumen 4 , Número 1

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VOL 4. MUERTE & LUTo

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