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Retrato de un Árbol

por Carolina Bello

Más allá de su éxito como organismo, el Álamo Temblón también es historia y espíritu. Su propósito en el universo ha trascendido lo biológico, y no en vano el ser humano le ha otorgado cualidades, poderes y significados

En los bosques templados del hemisferio norte del planeta, habita un ser vivo que tiembla y susurra, y que presume ser el organismo más grande de todos los que existen…

 

Los indios Ute, quienes dominaron en el pasado las montañas rocallosas de Colorado, lo creían protección, conocimiento, medicina y comunicación. Procuraban que, afuera de sus casas, uno de ellos siempre los cuidara de los “malos espíritus”; y si el dolor o el malestar los invadía, ahí estaba él para aliviar y sanar. En su piel dejaban mensajes, marcaban caminos, contaban historias; y con su liviana y maleable carne fabricaban flechas y balsas.

 

Sobre la superficie aparentan ser seres individuales, pero bajo tierra todos están interconectados como si fueran una gran familia: hijos e hijas de una misma madre que nacieron idénticos y que forman un solo organismo. Esta facultad los hace vivir miles de años. En Utah, aún sobrevive el famoso PANDO: el organismo más grande del mundo (por masa): una colonia de más de 47 mil clones de álamos que pesa alrededor de 6.500 toneladas y que se cree tiene más de 80 mil años. Esta forma de vida en colonia o colectivo, los hace seres sumamente resilientes, capaces de sobrevivir cualquier desastre: siempre habrá un brote que sobreviva y que será capaz de reproducirse hasta formar su propio bosque. 

 

Más allá de su éxito como organismo, el Álamo Temblón también es historia y espíritu. Su propósito en el universo ha trascendido lo biológico, y no en vano el ser humano le ha otorgado cualidades, poderes y significados, que aunque la ciencia no los pueda o quiera explicar –dado que no son medibles o clasificables– son igual de importantes para comprender a estos seres en su totalidad. Al fin y al cabo todos estamos hechos de la misma materia, entonces ¿por qué creer que somos los únicos capaces de desarrollar un espíritu? Como alguna vez mencionó el filósofo y naturalista Alexander Skutch:

“Si tuviéramos instrumentos para detectar el espíritu, tan sensitivos como aquellos que usan los científicos para medir cantidades físicas, podríamos encontrar que la sensibilidad se halla tan ampliamente esparcida a través del Universo como la materia”.

Esta facultad de reimaginar y apreciar a los demás seres vivientes en su totalidad refleja una relación de respeto y de conexión profunda con ellos, que al final quizá sea la razón para la que estamos en este universo: vivir en armonía colectiva, como los Álamos, o extinguirnos.

CRÉDITOS

Texto

Carolina Bello May

 

Ilustración

Carolina Bello May

 

2019. Aspen, Colorado

 

Publicado en Setiembre, 2020

Volumen 2 , Número 7

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